Saturday Dec 16, 2023

Día 1

Primer Día de la Novena de Aguinaldos

 

Oración a Dios Padre

 

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a los hombres, 

que les díste en tu hijo la prenda de tu amor, 

para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen 

naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; 

yo, en nombre de todos los mortales, te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. 

En retorno de él te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado,

suplicándote por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació 

y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, 

que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, 

para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. 

Amén.

 

Consideración para el día primero

 

En el principio de los tiempos el Verbo reposaba en el seno de su Padre en lo más alto de los cielos; allí era la causa, a la par que el modelo de toda la creación. En esas profundidades de una incalculable eternidad permanecía el Niño de Belén antes de que se dignara bajar a la Tierra y tomara visiblemente posesión de la gruta de Belén. Allí es donde debemos buscar sus principios que jamás han comenzando; de allí debemos datar la genealogía de lo eterno, que no tiene antepasados y contemplar la vida de complacencia infinita que allí llevaba.

 

La vida del Verbo eterno en el seno de su Padre era una vida maravillosa y sin embargo, ¡misterio sublime!, busca otra morada, una mansión creada. No era porque en su mansión eterna faltase algo a su infinita felicidad, sino porque su misericordia infinita anhelaba la redención y la salvación del género humano, que sin Él no podría verificarse. El pecado de Adán había ofendido a Dios y esa ofensa infinita no podía ser condonada sino por los méritos del mismo Dios. La raza de Adán había desobedecido y merecido un castigo eterno; era pues necesario para salvarla y satisfacer su culpa, que Dios, sin dejar el cielo, tomase la forma del hombre sobre la Tierra y con la obediencia a los designios de su Padre expiase aquella desobediencia, ingratitud y rebeldía. Era necesario, en las miras de su amor, que tomase la forma, las debilidades e ignorancias sistemáticas del hombre; que creciese para darle crecimiento espiritual; que sufriese, para enseñarle a morir a sus pasiones y a su orgullo. Y por eso el Verbo eterno, ardiendo en deseos de salvar al hombre, resolvió hacerse hombre también y así redimir al culpable.

 

Oración a la Santísima Virgen María

 

Soberana María, te pedimos por todas las familias de nuestro país; 

haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, 

de ternura, de verdadera vida familiar. 

Que estas fiestas de navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, 

nos unan también en el amor, nos hagan olvidar las ofensas 

y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.

Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros. 

Amén. 

 

Oración a San José

 

¡Oh santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! 

Infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan soberanos misterios 

y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. 

Te ruego, por el amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos deseos de verle 

y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. 

Amén.

 

Gozos

 

Dulce Jesús mío, mi niño adorado, 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Oh sapiencia suma del Dios soberano, 

que al nivel de un niño te hayas rebajado!

¡Oh Divino Niño, 

ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Oh, Adonái potente que, a Moisés hablando, 

de Israel al pueblo diste los mandatos! 

¡Ah! Ven prontamente para rescatarnos 

y que un niño débil muestre fuerte brazo! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Oh raíz sagrada de José, que en lo alto presentan al orbe tu fragante nardo!

¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio de los valles bella flor del campo!

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Llave de David que abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio!

¡Sácanos, Oh, Niño con tu blanda mano, ¡de la cárcel triste que labró el pecado!

¡Ven a nuestras almas!

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Oh lumbre de Oriente sol de eternos rayos, 

que entre las tinieblas tu esplendor veamos! 

¡Niño tan preciado, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano!

¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y, 

en forma de Niño da al mísero amparo! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, pastor del rebaño! 

¡Niño que apacientas con suave cayado ya la oveja arisca, ya el cordero manso! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto Bienhechor rocío, como riego santo! 

¡Ven hermoso Niño, ven Dios humanado!

¡Luce, Dios estrella! ¡Brota, flor del campo!

¡Ven a nuestras almas!

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Ven que ya María previene sus brazos do su niño vean, en tiempo cercano! 

¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡¡Del débil auxilio del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! 

¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Ve ante mis ojos de ti enamorados! Bese ya tus plantas, bese ya tus manos. 

Prosternado en tierra te tiendo los brazos, 

y aún más que mis frases, te dice mi llanto. 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos,

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

Canto y guitarra: Hernán Villacís

Coros del niño Miguelito Villacís

 

Oración al Niño Jesús

 

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, 

que dijiste a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, 

y en persona suya a todos tus devotos, 

estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: 

"Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado".

Llenos de confianza en Tí, oh Jesús, que eres la misma verdad, 

venimos a presentarte toda nuestra miseria. 

Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concédenos por los méritos de tu encarnación y de tu infancia, 

la gracia de la cual necesitamos tanto. 

Nos entregamos a Ti, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza

y de que en virtud de tu divina promesa,

acogerás y responderás favorablemente nuestra súplica.

 

Amén.

 

Gloria

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