Sunday Dec 17, 2023

Día 2

Segundo Día de la Novena de Aguinaldos

 

Oración a Dios Padre

 

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a los hombres, 

que les díste en tu hijo la prenda de tu amor, 

para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen 

naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; 

yo, en nombre de todos los mortales, te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. 

En retorno de él te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado,

suplicándote por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació 

y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, 

que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, 

para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. 

Amén.

 

Padre Nuestro

 

Consideración para el día segundo

 

En el principio de los tiempos el Verbo reposaba en el seno de su Padre en lo más alto de los cielos; allí era la causa, a la par que el modelo de toda la creación. En esas profundidades de una incalculable eternidad permanecía el Niño de Belén antes de que se dignara bajar a la Tierra y tomara visiblemente posesión de la gruta de Belén. Allí es donde debemos buscar sus principios que jamás han comenzando; de allí debemos datar la genealogía de lo eterno, que no tiene antepasados y contemplar la vida de complacencia infinita que allí llevaba.

 

El verbo eterno se halla a punto de tomar su naturaleza creada en la santa casa de Nazaret, en donde moraban María y José. Cuando la sombra del decreto divino vino a deslizarse sobre ella, María estaba sola y engolfada en la oración. Pasaba las silenciosas horas de la noche en la unión más estrecha con Dios; y mientras oraba, el Verbo tomó posesión de su morada creada. Sin embargo, no llegó inopinadamente: antes de presentarse envió a un mensajero, que fue Arcángel San Gabriel para pedir a María de parte de Dios su consentimiento para la encarnación. El creador no quiso efectuar ese gran misterio sin la aquiescencia de su criatura.

 

Aquel momento fue muy solemne: era potestativo en María rehusar... Con qué adorables delicias, con qué inefable complacencia aguardaría la Santísima Trinidad a que María abriese los labios y pronunciase el "sí" que debió ser suave melodía para sus oídos, y con el cual se conformaba su profunda humildad a la omnipotente voluntad divina. La Virgen Inmaculada ha dado su asentimiento. El arcángel ha desaparecido. Dios se ha revestido de una naturaleza creada; la voluntad eterna está cumplida y la creación completa. En las regiones del mundo angélico estalla el júbilo inmenso, pero la Virgen María ni le oía ni le hubiese prestado atención a él. Tenía inclinada la cabeza y su alma estaba sumida en el silencio que se asemejaba al de Dios. El Verbo se había hecho carne, y aunque todavía invisible para el mundo, habitaba ya entre los hombres que su inmenso amor había venido a rescatar. No era ya sólo el Verbo eterno; era el Niño Jesús revestido de la apariencia humana, y justificando ya el elogio que de Él han hecho todas las generaciones en llamarle el más hermoso de los hijos de los hombres.

 

Oración a la Santísima Virgen María

 

Soberana María, te pedimos por todas las familias de nuestro país; 

haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, 

de ternura, de verdadera vida familiar. 

Que estas fiestas de navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, 

nos unan también en el amor, nos hagan olvidar las ofensas 

y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.

Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros. 

Amén. 

 

Ave María

 

Oración a San José

 

¡Oh santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! 

Infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan soberanos misterios 

y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. 

Te ruego, por el amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos deseos de verle 

y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. 

Amén.

 

Padre Nuestro

 

Gozos

 

Dulce Jesús mío, mi niño adorado, 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Oh sapiencia suma del Dios soberano, 

que al nivel de un niño te hayas rebajado!

¡Oh Divino Niño, 

ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Oh, Adonái potente que, a Moisés hablando, 

de Israel al pueblo diste los mandatos! 

¡Ah! Ven prontamente para rescatarnos 

y que un niño débil muestre fuerte brazo! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Oh raíz sagrada de José, que en lo alto presentan al orbe tu fragante nardo!

¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio de los valles bella flor del campo!

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Llave de David que abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio!

¡Sácanos, Oh, Niño con tu blanda mano, ¡de la cárcel triste que labró el pecado!

¡Ven a nuestras almas!

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Oh lumbre de Oriente sol de eternos rayos, 

que entre las tinieblas tu esplendor veamos! 

¡Niño tan preciado, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano!

¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y, 

en forma de Niño da al mísero amparo! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, pastor del rebaño! 

¡Niño que apacientas con suave cayado ya la oveja arisca, ya el cordero manso! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto Bienhechor rocío, como riego santo! 

¡Ven hermoso Niño, ven Dios humanado!

¡Luce, Dios estrella! ¡Brota, flor del campo!

¡Ven a nuestras almas!

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Ven que ya María previene sus brazos do su niño vean, en tiempo cercano! 

¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡¡Del débil auxilio del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! 

¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano! 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

¡Ve ante mis ojos de ti enamorados! Bese ya tus plantas, bese ya tus manos. 

Prosternado en tierra te tiendo los brazos, 

y aún más que mis frases, te dice mi llanto. 

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos,

¡Ven a nuestras almas! 

¡Ven no tardes tanto!

 

Canto y guitarra: Hernán Villacís

Coros del niño Miguelito Villacís

 

Oración al Niño Jesús

 

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, 

que dijiste a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, 

y en persona suya a todos tus devotos, 

estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: 

"Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado".

Llenos de confianza en Tí, oh Jesús, que eres la misma verdad, 

venimos a presentarte toda nuestra miseria. 

Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concédenos por los méritos de tu encarnación y de tu infancia, 

la gracia de la cual necesitamos tanto. 

Nos entregamos a Ti, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza

y de que en virtud de tu divina promesa,

acogerás y responderás favorablemente nuestra súplica.

Amén.

 

Gloria.

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