
Tuesday Dec 19, 2023
Día 4
Cuarto Día de la Novena de Aguinaldos
Oración a Dios Padre
Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a los hombres,
que les díste en tu hijo la prenda de tu amor,
para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen
naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio;
yo, en nombre de todos los mortales, te doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.
En retorno de él te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado,
suplicándote por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació
y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre,
que dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno,
para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente.
Amén.
Padre Nuestro
Consideración para el día cuarto
Desde el seno de su madre comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su entera sumisión a Dios, que continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, le amaba, se sometía a su voluntad, aceptaba con resignación el estado en que se hallaba conociendo toda su debilidad, toda su humillación, todas sus incomodidades. ¿Quién de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante con el pleno goce de la razón y de la reflexión?, ¿quién pudiera sostener a sabiendas un martirio tan prolongado, tan penoso de todas maneras?. Por ahí entró el Divino Niño en su dolorosa y humilde carrera; así empezó a anonadarse delante de su Padre, a enseñarnos lo que Dios merece por parte de su criatura, a expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados, y hacemos sentir toda la criminalidad y desórdenes del orgullo.
Deseamos hacer una verdadera oración; empecemos por formarnos de ella una exacta idea contemplando al Niño en el seno de su madre, El Divino Niño ora y ora del modo más excelente. No habla, no medita ni se deshace en tiernos afectos. Su mismo estado, aceptado con la intención de honrar a Dios, es su oración y ese estado expresa altamente todo lo que Dios merece y de qué modo quiere ser adorado por nosotros.
Unámonos a las oraciones del Niño Dios en el seno de María; unámonos al profundo abatimiento y sea este el primer afecto de nuestro sacrificio a Dios. Démonos a Dios, no para ser algo como lo pretende continuamente nuestra vanidad, sino para ser nada, para quedar eternamente consumidos y anonadados, para renunciar a la estimulación de nosotros mismos, a todo cuidado de nuestra grandeza aunque sea espiritual, a todo movimiento de vanagloria. Desaparezcamos a nuestros propios ojos y que Dios sólo sea todo para nosotros.
Oración a la Santísima Virgen María
Soberana María, te pedimos por todas las familias de nuestro país;
haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión,
de ternura, de verdadera vida familiar.
Que estas fiestas de navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo,
nos unan también en el amor, nos hagan olvidar las ofensas
y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.
Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros.
Amén.
Ave María
Oración a San José
¡Oh santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús!
Infinitas gracias doy a Dios porque te escogió para tan soberanos misterios
y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza.
Te ruego, por el amor que tuviste al Divino Niño, me abrases en fervorosos deseos de verle
y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo.
Amén.
Padre Nuestro
Gozos
Dulce Jesús mío, mi niño adorado,
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Oh sapiencia suma del Dios soberano,
que al nivel de un niño te hayas rebajado!
¡Oh Divino Niño,
ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Oh, Adonái potente que, a Moisés hablando,
de Israel al pueblo diste los mandatos!
¡Ah! Ven prontamente para rescatarnos
y que un niño débil muestre fuerte brazo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Oh raíz sagrada de José, que en lo alto presentan al orbe tu fragante nardo!
¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio de los valles bella flor del campo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Llave de David que abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio!
¡Sácanos, Oh, Niño con tu blanda mano, ¡de la cárcel triste que labró el pecado!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Oh lumbre de Oriente sol de eternos rayos,
que entre las tinieblas tu esplendor veamos!
¡Niño tan preciado, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano!
¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y,
en forma de Niño da al mísero amparo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, pastor del rebaño!
¡Niño que apacientas con suave cayado ya la oveja arisca, ya el cordero manso!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto Bienhechor rocío, como riego santo!
¡Ven hermoso Niño, ven Dios humanado!
¡Luce, Dios estrella! ¡Brota, flor del campo!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Ven que ya María previene sus brazos do su niño vean, en tiempo cercano!
¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Del débil auxilio del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado!
¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
¡Ve ante mis ojos de ti enamorados! Bese ya tus plantas, bese ya tus manos.
Prosternado en tierra te tiendo los brazos,
y aún más que mis frases, te dice mi llanto!
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos,
¡Ven a nuestras almas!
¡Ven no tardes tanto!
Canto y guitarra: Hernán Villacís
Coros del niño Miguelito Villacís
Oración al Niño Jesús
Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!,
que dijiste a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento,
y en persona suya a todos tus devotos,
estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente:
"Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado".
Llenos de confianza en Tí, oh Jesús, que eres la misma verdad,
venimos a presentarte toda nuestra miseria.
Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.
Concédenos por los méritos de tu encarnación y de tu infancia,
la gracia de la cual necesitamos tanto.
Nos entregamos a Ti, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza
y de que en virtud de tu divina promesa,
acogerás y responderás favorablemente nuestra súplica.
Amén
Gloria